Reseña: Patrizio Landolfi. Pintura vibrante de energía y entusiasmo por el color

Inaugurazione 3

Al observar las obras de Patrizio, uno se siente empujado a acercarse a ellas, como arrastrado por un torbellino de fragmentos, colores y energía; y es allí, en el fragmento individual, donde se encuentra en potencia toda la fuerza de la obra en su conjunto. Cada porción, cada centímetro puede observarse en sus partes infinita e imperceptiblemente pequeñas y en su ser infinitamente grande si de golpe el hilo sutil que ahora mantiene unidas las partes se deshiciera y la energía interna de la obra y de cada átomo del universo condujera los fragmentos como meteoros por el espacio.

La fragmentariedad no es, por tanto, solo de las figuras, de las sombras o de lo que queda de ellas, sino que es la sumariedad, la inestabilidad y la susceptibilidad de todo lo que existe en nuestro planeta y en el universo. Cada fragmento es a la vez el instante que concluye una vida y el momento en el que se origina, es el instinto y la razón.

Las figuras que emergen, la energía y el dinamismo del conjunto son fruto de la mano del hombre y del azar que fragmenta y quiebra líneas, colores, tonos, que una y otra vez hacen detenerse el ojo del observador, quien, casi hechizado, acaba mirando la obra incansablemente, en busca de una forma, una huella, una figura, pero sobre todo en busca de una emoción, una sensación.

No hay fondo ni hay imagen, sino solo figuras y geometrías que se crean y se destruyen a partir de la propia materia.

Superficies lisas y superficies opacas crean juegos de luces y de texturas y construyen ellas mismas formas, perfiles, siluetas. Patrizio juega libremente con los colores, con los blancos y los negros para exaltarlos, hasta convertir a estos últimos en protagonistas de algunas de sus obras; allí el blanco se hace portador de una luz deslumbrante que revela y oculta las tonalidades más encendidas y brillantes, y el negro se hace magma que arrastra consigo el fuego en sus rojos, naranjas y amarillos y que corre por el lienzo, donde una parte ya fría se solidifica mientras la otra, aún incandescente, lustrosa y brillante, la atraviesa al derramarse.

Auténticas explosiones de color, efectos pirotécnicos encienden de luz sus lienzos, que hablan de un mundo en el que la energía lo es todo y los colores son su máxima expresión.

Las obras de Patrizio ocupan, por tanto, un espacio mayor que el físico, que el de su volumen; requieren tiempo y espacio para ser concebidas, comprendidas, observadas y admiradas; y mientras la luz exalta el conjunto, las figuras, los perfiles parecen danzar silenciosos en el universo, en ese torbellino dinámico que crea y destruye, que compone y descompone, que constituye la parte y el todo, que asusta y fascina en su infinita potencia y en la fragilidad de los vínculos entre las moléculas individuales de todo lo que existe.

La de Patrizio es, pues, una pintura vibrante de energía y de entusiasmo por el color; ese mismo entusiasmo que el artista hace revivir en sus obras, confiándoles la responsabilidad de la expresión y confiriéndoles al mismo tiempo una ligereza y una libertad de ser y de ser interpretadas.

Caterina Pacenti